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El Mayimbe tiene 20 años libre

Fernando Villalona (El Mayimbe) lo llegó a perder todo fruto de su adicción a las drogas. Un apartamento, casa, varios vehículos, oportunidades, tierras y otras propiedades, así como su propia familia y millones de pesos. También afectó su carrera artística. De haber estado limpio, habría producido y cantado mejor, además de firmar contratos más favorecedores con las disqueras que siempre andaban detrás de su talento, publica el periodista Fausto Polanco en su libro “Merengueros”, que dedica 35 páginas a su vida y su carrera. Entre 1985 y 1995 Villalona gastaba regularmente ocho mil pesos cada dos días en drogas. Desde 1976, que fue cuando inició de manera constante en este vicio, hasta 1984, no recuerda cuánto gastaba, pero reconoció que casi todo lo que ganaba se le iba en drogas. El 14 de diciembre de 1995 es la fecha oficial de su salida de las drogas. De eso hará, en seis meses, ¡20 años! Al empresario Antonio Espaillat se le ocurrió inaugurar para entonces la nueva discoteca Jet Set con “El Mayimbe”. Lo que ocurrió esa noche, el empresario nunca lo olvidará. Lo de la visa Desde 1984, Villalona había solicitado visa para trabajar con su grupo en los Estados Unidos y en la mayoría de las ocasiones había sido rechazado. Cuando solían otorgársela, apenas le daban unos pocos meses. La razón por la cual el Consulado de los Estados Unidos se la negaba era presuntamente por su adicción a las drogas. En 1995, esto lo puso a analizarse, pues quería el visado estadounidense. A esto se sumaron los consejos de amigos a quienes dijo nunca olvidará: el tenor Henry Ely, Joel Brito, Fernando Mateo, José Andújar, César Mella y el principal de todos, Antonio Espaillat, indica Polanco en su libro. Persona clave A quien más Fernando Villalona dijo agradecerle es a Antonio Espaillat, propietario de la discoteca Jet Set, que se erigió como su casa de siempre y estableció una tradición de presentaciones. “Los cónsules americanos me decían una y otra vez que hasta que no estuviera limpio de las drogas no iban a darme visa, y yo la necesitaba. No podía tocar en Nueva York, donde tantos dominicanos querían verme. Fue cuando me dije a mí mismo que debía salir de esto. Un día llamé a Espaillat y le dije que había decidido internarme. Buscamos al doctor César Mella y me asistió internándome en el Centro Médico de la Universidad Central del Este (UCE)”, dijo Villalona. “El Mayimbe” se mantuvo interno durante un buen tiempo. No lo dejaban juntarse con nadie. Había medidas estrictas que debía cumplir y aceptó. Salió de rehabilitación, pero bajo los ojos de Mella, refiere “Merengueros”. El artista reveló que luego de salir de rehabilitación, alguien le llevó drogas. “Fue un periodista dominicano residente en Nueva York, y le dije: -Qué bárbaro tú eres. A ti no te da vergüenza darme eso cuando tú bien sabes que ya yo dejé de consumir drogas. Quizá lo hizo para bien, para probarme, a ver si era cierto que yo lo había dejado”. La amistad entre Villalona y Espaillat inició en 1992, época en que el artista atravesaba uno de los peores momentos de su vida, en términos personales y profesionales, debido a su adicción a las drogas, escribió Polanco en “Merengueros”. EL TESTIMONIO DE UNA FAMILIA Antonio Espaillat siempre llevaba a Villalona de la discoteca Jet Set, donde regularmente cantaba, hasta su casa “para tratar de persuadirlo (a que saliera de las drogas) y utilizaba como carnada mi vehículo Mercedes Benz porque sabía que él quería uno igual”. Cada vez que tenía la oportunidad “le decía que viera la diferencia que había entre una persona sana y otra con ese vicio”, manifestó Espaillat a “Merengueros”. En una ocasión “El Mayimbe” sucumbió en llantos, pero no cambiaba su comportamiento. En octubre de 1994, dos años después de haberse conocido, Villalona amenizó un baile en Jet Set en pésimo estado. Fue algo deprimente y bochornoso. -Óyeme lo que te voy a decir, tú no vuelves más a este sitio hasta que te limpies, le dijo Espaillat con voz enérgica, citado por “Merengueros”. El artista solo atinó a bajar la mirada y marcharse. Esta vez no encontró un Mercedes Benz que lo trasladara, ni una mano amiga que le diera los acostumbrados consejos que siempre ignoraba. Para sorpresa del empresario, en noviembre de ese mismo año, Fernando lo llamó y le manifestó que se iba a internar para desintoxicarse de las drogas, cumpliendo esta vez su palabra, hasta la actualidad.